El calor agobiante del mediodía no les impedía jugar en la vereda. Su tía los había llamado para que regresen a la casa, pero ellos continuaban divirtiéndose con los amiguitos. Pero la odisea comenzó cuando Verónica Olivera escuchó los gritos que provenían de la casa vecina. Y cuando llegó, se encontró con una escena desesperante: su sobrino Nahuel Chávez, que estaba a su cuidado, se había electrocutado.

Nahuel y su hermano Brian viven los días de semana en casa de su abuela, en el barrio Los Fresnos, en Banda del Río Salí. Hace poco tiempo que sus padres se mudaron a Los Gutiérrez, y ellos estaban con su abuela y sus tíos, hasta que terminen la escuela. Incluso, los chicos llaman mamá a su abuela EugeniaLuna y a su tía. "Ellos tienen tres madres", contó la abuela.

Cuando Verónica llegó a la despensa que está en la casa vecina, encontró a su hermana con Nahuel en los brazos. El pequeño estaba inconsciente, aparentemente sin respirar. Descalzo y transpirado, había pisado el cable de la heladera. En ese momento apareció Darío Rivadeneira, como un ángel de la guarda. El agente estaba en una esquina del barrio y escuchó los gritos. Tomó al niño y corrió, hasta subir a un remise que estaba estacionado en la esquina. Junto a él, Verónica, su hermana y el remisero, llevaron a Nahuel hasta el hospital Santa Rita, en Lastenia.

Pero en el camino, Rivadeneira mantuvo la serenidad y aplicó lo que había aprendido en el curso de ingreso a la Policía: le realizó el niño ejercicios de RCP (reanimación cardio-pulmonar) en el pecho y respiración boca a boca.

Luego de algunos minutos, el policía sintió que el corazón del niño volvía a latir. Y la desesperación en los rostros de las tías cambió a una sonrisa de esperanza. En el hospital, el pediatra Eduardo Sturiale le aplicó oxígeno y consiguió estabilizar a Nahuel. De hecho, el médico contó que cuando llegaron al Santa Rita, el menor ya había salido del paro cardíaco. Es que los primeros auxilios que practicó el policía habían conseguido su objetivo. Según Sturiale, sin el trabajo que hizo el agente, el pequeño hubiera llegado sin vida.

Luego, el médico derivó al menor al hospital de Niños. Verónica estuvo siempre a su lado. En el hospital de la capital esperó pacientemente a que los médicos revisaran a Nahuel. El niño despertaba de a ratos, pero aún no se reanimaba del todo. Cerca de las 18, abrió los ojos y la reconoció. "Mamá", le dijo Nahuel, tocándole la mano. Y allí, Verónica soltó una lágrima de tranquilidad.